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viernes, abril 16, 2010

¡HACHE!

Publicado por Yo Soy Escribidor |















"Y respondiendo él al que le decía esto,
dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
Y extendiendo su mano hacia sus discípulos,
dijo: He aquí mi madre y mis hermanos."

Mateo 12:48-49



H. cumplió ayer, y como era de esperarse, no fui a su casa. Considero que ir o no haberlo hecho no agrega algo trascendental a su vida. Sin embargo, esto ha sido una de las cosas que él me ha recriminado (utilizo esta palabra porque a esta hora no proceso bien): No creer en sus buenas intenciones. Pero no es algo que sea personal, es más bien un asunto de tiempos en una congregación, los que me han hecho sacar conclusiones; algunas, dañinas hasta para mí mismo.
Cuando decidí que H. fuera mi pastor de equipo (grupo, ministerio, al caso es lo mismo) lo hice porque creí que hacía lo correcto, a pesar de quienes me argumentaron razones válidas para no hacerlo. Lo hice porque en esa época No había mejor opción.
Y quizás hoy tampoco lo hay. Hace poco en su oficina, casi a las lágrimas, le dije que lo que más daño me hacía de él era el vacío que me ocasionaba su abandono, quien sabe si intencionado o no. Me mortificaba sus llamadas irrealizables. Él argumentaba sus asuntos diciendo que él también esperaba mis llamadas. Le dije que yo lo quería, pero que uno espera cosas, sobre todo de alguien como él... ¡uno espera cosas!
Le comenté de mis ganas por creer lo que dice, pero mi insuficiencia para llegar a tal estado y el ánimo que tengo por aceptar absolutamente que le inspiro algo diferente a las ganas de echarme de su grupo o criticarme como soy. Me cuesta creer que no es como escuché por año, pero me cuesta aceptar que no lo es. No lo es.
Tengo un recuerdo nítido de mis tiempos de gran depresión. Él sólo me escuchó, me golpeó suavemente el rostro, me sonrió, me abrazó y me besó la mejilla. Tal acto, por mucho que he intentado, no he podido sacarlo de mi cabeza. Es un recuerdo recurrente. Es algo que me dice que puedo confiar en él. Y no sólo eso... Siento su voz como la voz de alguien que sabe quién soy, qué pienso, y que intenta meterse en mi niñez de niño solitario. Me aterro. Sólo nos llevamos un par de años. Me aterro porque sus Palabras son sabias como las necesito. Y cuando digo palabras no me refiero al sentido estricto-exegético de las misma -a veces dice cosas que ya sé-; sino, más bien, a la carga fuerte de Palabras (con mayúscula), llenas de esencia, de algo más allá, de padre y Padre, quizás.
No fui a su cumpleaños y no me siento mal. Creo que a pesar de las excusas obvias de la U., de la plata y todo lo demás, no fui porque a veces no quiero darme tanto. Soy más bien difícil. No quiero dar tanto (tal vez como hijo, amigo, ¡qué sé yo!) emocionalmente. No quiero que me fallen otra vez, y acaso por eso, me preparo diciéndome a mí mismo que la irrelevancia mía en su vida es un dato cierto ciertísimo bien cierto. Aún así, no puedo esconderme y engañarme del todo; esta entrada a este blog -a manera de regalo de cumple- lo confirma. ¿Y por qué en un espacio que había reservado para mi familia, asunto de la temática en mi blog? Pues como dijo Jesús: familia no es precisamente quien es el papá o la mamá; es más bien, quienes están a tu lado; creo que él podría estarlo.
A H. quien es Harold en realidad.

8 ¡Ajá, dime qué ves!:

Deivi E. dijo...

Me asombra la mirada enigmática en la foto junto a su hija, Jesyha.

Steven Manduca dijo...

Él sólo me escuchó, me golpeó suavente el rostro, me sonrió, me abrazó y me besó la mejilla. Genial...

Anónimo dijo...

Jaide:

O.K.

genial, real y compartido...

Anónimo dijo...

Mientras leía recordé cómo un día en su oficina me habló de un tipo de gente como yo; la gente que no cree que él la ama. "Te quiero más de lo que imaginas" me dijo con su caracteristica sonrisa. Me desarmó por completo. Es cierto, a veces creo que no me quiere tanto y que no sabe de mi existencia. Cada que puedo o creo necesario hacerlo le digo a mi pastor que lo quiero. Creo que es él quien no se imagina cuanto puede llegar a ser eso.

ELIZABETH dijo...

¿sabes porqué me gusta leer tu blog? porque me siento identificada con tu vida... mi vida era muy parecida a la tuya en un tiempo atrás. Yo ahora no estoy adepta a la iglesia quizá por tantas cosas que vi que me alejaron de ella y una de esas fue el abandono de esa persona que supuestamente Dios puso para guiarme en un ministerio y que al tiempo descubrí que yo solo representaba un número para el. Quizá es un pensamiento aplicado a la palabra "maldito el hombre que se confía del hombre y pone sus fuerzas en el" pero hay acciones que te desalientan y que hacen que solo recibas las palabras que Dios te da un domingo sentado en una silla y no seguir el juego de ser un número mas para ensanchar el ego de otro.
Aquí se ven buenas intenciones... puede que el señor H tiene multiples ocupaciones y a veces olvida que tiene hijos espirituales.
Un saludo:)

JUBEIS dijo...

"Y si no hay riego, ¿para qué escribir?"
Más allá de la incompresión el riesgo al que se exponen las gentes, los receptores de ti, es la sobreestimación, que en mi caso nunca ha sido suficiente para que en ocasiones como esta me visite la sospresa.
Tu sensatez va mas allá de las palabras, supongo entonces que tu sinceridad pocas veces se ve atrofiada por los intentos hipocritas que son normales en nuestra naturaleza humana.

damian dijo...

cuando hablemos kiero ke tokemos este tema...

Deivi E. dijo...

Steven: Creo que tú, al igual que yo, sabes lo que traté de decir.
Jaide: Gracias.
Anónimo: Compartimos entonces un sentimiento de asombro.
Elizabeth: Tus comentarios tan llenos de verdad, me gustan muchos. Creo que yo leo tu blog por la misma razón que tú el mío.
Jubeis: Siempre es un riesgo para mí escribir. Me aterra pensar que no me leen y que me leen. A veces creo que digo mucho.
Damián: Querido amigo, hablaremos entonces.

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Porque al que se le conoce hoy como profeta se le llamaba vidente: