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lunes, agosto 05, 2013

SIN EDICIÓN

Publicado por Yo Soy Escribidor |

Hace algunos días, unos amigos de antaño, que vivimos experiencias fantásticas, nos hemos vuelto a encontrar. Pero no ha sido un encuentro usual; más bien, el Facebook facilitó eso. Con ellos viví gran parte de mi vida, compartí sueños imposibles, cantamos canciones alegres y demás menesteres que la amistad se le ocurra. En realidad no nos hemos visto. Ha sido un reencuentro lleno de palabras.
En medio de todo esto, noto algunas cosas, por ejemplo, que el tiempo ha pasado. Que el tiempo fue clemente con algunos, e irracional y desventurado con otros. Que no ha sido tan fácil el extrañarnos. Fue duro decir adiós. Fue un adiós sin decirlo: cada uno, poco a poco, sin decir palabra, se fue abriendo camino en la penumbra, en el vacío, en caminos que no nos atreveríamos a transitar. Fue un adiós absurdo, sin permiso. Fue un adiós que no
esperábamos, donde, al final, nos dimos cuenta del engaño del que habíamos sido víctimas. Fue el engaño que nos dio la vida. Nos engañó porque pensábamos que eso -aquello tan bueno- iba a durar para siempre, y allí, en ese momento en que lo creíamos, nos hicimos daño, nos herimos, nos gritamos improperios en medio de la frustración que sentimos, cuando el puente que nos unía a la Victoria, había sido derrumbado sin previo aviso.
Y entonces fue el llorar y el crujir de dientes.
Hoy nos hemos vuelto a encontrar. Cada quien escribe lo que quiere. El tiempo no pasa ahí en medio de todo lo que río. Pero siento el leve peso de pensar que es sólo una quimera brillante.
Por ello, he vuelto a pensar en ellos, y aquellos otros, que en algún momento se fueron, se van, no quieren regresar. Y me doy cuenta que he sido un miserable porque logro hacer el ejercicio catársico de no extrañar a nadie, porque es más fácil tolerar las despedidas centrándose en banalidades. 
Por ello, ahora, me estoy dando el tiempo para pensarlos, para mirar como antes, para leer minuciosamente las líneas y las risas codificadas en jajaja. Y, en este punto, tan solo no hablo de ellos; han sido más los que se han ido quedando en el camino del olvido, que yo intento tomarme la medicina del cariño para recordar en qué momento los borré de mi recuerdo, y en qué momento, ahora, vienen lejanamente.

2 ¡Ajá, dime qué ves!:

Liseth Carrillo dijo...

Excelente...una realidad plasmada a traves de visos literarios fantasticos...te quiero, eres nuy talentoso!

Anónimo dijo...

Excelente..

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Porque al que se le conoce hoy como profeta se le llamaba vidente: