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domingo, agosto 14, 2016

NO FUI FAMOSO. PRIMERA PARTE: PREÁMBULO

Publicado por Yo Soy Escribidor |

Cuando mi papá me preguntó que qué quería ser grande, en mis recuerdos infantiles, en un tránsito de aquí a Venezuela, respondí: «actriz». Él, avisado de mi problema gramatical, dijo que los hombres no eran actrices sino actores. Ahí aprendí que existían, para cada sexo en particular, una forma de expresarse que, hasta ese momento, me era desconocida.

Entre los géneros masculinos y femeninos que aprendí, supe que quería ser actor 
Galeano
 desde niño. Es algo raro, pero me imagino, haciendo analepsis, que responde a que en mi casa éramos muy dados a ver televisión y, sobre todo, novelas. De hecho, hoy en día, todavía las veo en el gusto hasta la emoción. En mi casa no se satanizó ni respondía a qué éramos peores cognitivamente, sino como lo que eran: entretenimiento.

En mi etapa adolescente, en el colegio, escribíamos historias y sketch donde actuar. Varias fueron mis ideas. Algunos eran de un dramatismo inverosímil, pero, en su mayoría, eran obritas de teatro divertidas y eclécticas.

En esta etapa de colegio, recuerdo que, gracias a ciertas facultades gramaticales, quedé de segundo en unas semifinales de ortografía dentro del colegio. No recuerdo por cual palabra perdí o qué; sin embargo, sí sé que, por algunos temores, no pretendía ganar de a mucho.  Hasta ese punto, yo creería hoy, la idea de ser actor se diluía; no obstante, siempre pensé en la posibilidad de no tener una vida normal con sueños normales, porque me resultaba un desperdicio en la vida solo ser padre de familia con un trabajo y llevar la vida de otros.

Recuerdo haber ido a una charla de carreras profesionales en una universidad. De todas ellas, en la de Comunicación Social me sentí a gusto. Tanto fue así que mis amigos cercanos dijeron que esa era carrera para mí; yo estaba de acuerdo. Eso no se concretó porque mi hermana Adriana quien, por supuesto, tenía más facultades histriónicas que yo –yo estaba en una etapa menos protagonista─, dijo que estudiaría Comunicación. Por un asunto de complejo tipo “dirán que me estoy copiando”, no la estudié.

Estudié una carrera técnica que tenía que ver con la Administración de empresas. De ahí, viendo que mi hermana nunca estudió Comunicación, y se pasó a Ingeniería Industrial ─hoy es feliz siéndolo, o eso creo─,  fui tajante en no estudiar tampoco algo que tuviera que ver con la Ingeniería. Fue ahí cuando decidí que debía estudiar algo “que tuviera salida”, como en la búsqueda de un laberinto por ser.


De esta forma me hice administrador de empresas. Fui buen alumno, me gradué por promedio y creo haber abandonado mi deseo infantil de ser actor. Descubrí luego, en un fracaso rotundo en lo laboral, que acercarme a todo lo que pintara a un trabajo oficinesco me producía ansiedad y estrés. Esa etapa de mi vida ─que no ahondaré ahora─ fue de mis grandes desilusiones humanas porque perdí el sentido del ser, acaso ya no era yo…

segunda parte

4 ¡Ajá, dime qué ves!:

Rafael Alcala dijo...

Necesitaba leer algo así.

Alberto Polo dijo...

Una vida normal, sueños normales. Cómo vivir sin el peso de lo que debe ser.

ROMARIO ENRIQUE BARRIOS HERNANDEZ dijo...

Las desilusiones de la vida, muchas veces necesarias para fortalecernos y seguir hacia adelante!

Luis Gutierrez dijo...

Durar media vida soñando para durar la otra mitad recordando, eso es lo que se trasmite de generación en generación, desde la burguesía hasta el populacho, pobres hombres que no saben(bemos)vivir en el camino de los sueños trazada por nuestros anhelos y deseos.
Bienaventurados aquellos que llenan su vida de aventura.

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Porque al que se le conoce hoy como profeta se le llamaba vidente: