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jueves, mayo 29, 2014

MI EXPERIENCIA CON LA MUERTE

Publicado por Yo Soy Escribidor |



 

“El olor del último hálito, el olor suave y

efímero del alma liberada del cuerpo.”

Desgracia, Coetzee





En estos días falleció una prima. Era alguien que siempre tenía buen ánimo y nunca la recuerdo sin que tuviera una sonrisa en su rostro. Murió aparentemente joven en sus cuarentaitantos años, y dejó, sin duda, el recuerdo en sus hijos, ya casados y establecidos.  


Los funerales de mi familia –por ser, en su mayoría, de corrientes cristianas- no están plagados de llantos incontrolables ni de pregoneras de dolores ajenos. Son, más bien –si se podría decir-, esperanzadores frente a la muerte, en la cual, pareciera, no haber esperanza. 


A pesar de las distintas maneras de teovisionar de mi familia (hay de todos y para todos, incluyéndonos a nosotros, tan del otro lado de la cristiandad aparente), en momentos como éste recuerdo que existe un lazo profundo en medio de la oscura muerte, que nos une como familia: creemos en una promesa de una vida mejor, y lo manifestamos cuando todos, al unísono, cantamos Cuando allá se pase lista o Cuán gloriosa será la mañana. Creo que, desde niño, supe que la muerte hacía parte de la vida y que no había que expiarse buscando a Dios como culpable de esta autonomía extraña que posee vivir. Y no hubo necesidad de que nos explicaran por qué Dios permitió que se muriera. Creemos entender. 


Hace algún tiempo, un discípulo de iglesia recibió la muerte de un primo. Yo asistí al velorio, con el ánimo cierto de hacerle compañía. Allí, él me dijo que llevara una enseñanza, un corto mensaje a toda la familia, porque él se sentía que no podía, aunque, evidentemente, él fuera el más indicado. Yo dije que sí. ¡Dije que sí y no sabría qué decir! ¿Qué dice uno cuando el difunto irá a la tierra? ¿Qué se supone que uno argumenta frente al dolor? ¿Cómo rayos digo algo que satisfaga o, por lo menos, sea escuchado? Dije que sí. 


Yo me imaginé que sería en la funeraria lo que diría. No, ahí no fue porque pronto el tiempo pasó y fue difícil acordar una enseñanza ahí; yo con mi poca experiencia de predicador de esperanza frente a la muerte. Supuse, entonces, que tal cosa no sucedería; me relajé un poco. 


Frente a la marcha fúnebre, ya a punto de introducir el cajón en la urna del aniquilamiento, mi discípulo de iglesia interrumpió a los cargadores, y dijo que un gran amigo suyo tenía un mensaje que dar: “Davi, ven…”; yo pensé que no ocurriría. 


¿Qué podría decir que yo crea y que haya respeto y que sea prudente y que sea…? Las múltiples preguntas que pasaron por mi cabeza en cortos segundos. Entonces, sin pensar mucho pero creyéndolo como quien se agarra de una rama frente al precipicio, como si el mundo dependiera de eso, como si no hubiera esperanza, con la fuerza de mi inexactitud teológica, con la certeza de mis esfuerzos, con la angustia de tener el cajón a menos de un metro de distancia, como a quien ha visto la luz en la oscuridad, y como a quien le arde su corazón en un camino de Emaús, grité: “Jesús dijo: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida; quien cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.’” 


Y ahí continué.


5 ¡Ajá, dime qué ves!:

Kevin Reguillo dijo...

¡Excelente!

Carlos Aguirre Acevedo dijo...

Hermoso. :)

jeany dijo...

uhhh , me gusto mucho , creo que escribiste exactamente lo que nos sucedes aquellos que asistimos a un funeral pero que en el fondo sabemos que allí no termina todo.

Mara Santrich dijo...

Me encanta...ufff llegaste donde quería que escribieras ...

Alberto Polo dijo...

Jesús venció la terrible idea de morir. Morir, se convirtió en la esperanza de vida. Gracias maestro. Gracias davi.

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Porque al que se le conoce hoy como profeta se le llamaba vidente: