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viernes, diciembre 27, 2013

TRASCENDENCIAS LEXICALES EN LA PIEL HORADADA

Publicado por Yo Soy Escribidor |



Tatuaje en la espalda solitaria

 "Ustedes son la carta que ha sido escrita en nuestros corazones, los demás los conocen y pueden leerlos. Ustedes son cartas del Señor que no han sido escritos con tinta, sino con su Espíritu; no sobre una piedra, sino en carne viva: el corazón."
2 carta a los corintios 3:2-3

Al haberme tatuado, se ha suscitado varios matices alrededor del mismo. Por un lado, no pensé nunca tener un valor para soportar un dolor que, creo yo, fue inferior a mi miedo. El dolor que experimenté en el tatuaje estuvo por debajo de mis expectativas. En ese momento supe que podría hacerme muchos más tatuajes. 

Por el otro, aún puedo recordar la cara de asombro, hasta el preámbulo de las lágrimas, de mi mamá, cuando mostraba el tatuaje, y mi hermana Vanessa (quien ya tiene dos) celebraba descaradamente en la resignación de mi madre, frente al desparpajo cómplice de todos los que estaban ahí. Al día siguiente, confirmé mis sospechas: la volví a decepcionar. 

También puedo hablar de las manos que agarré al comenzar el tatuaje, que luego solté cuando noté que no me dolía mucho. Fueron las manos de algunos amigos que no podría nombrar para evitar la molestia. Pero que, sin duda, me recordó las manos que uno agarra en medio de todo el caos que se precipita sin avisos. He agarrado esas manos, una y otra vez. Y sé que no se han acabado la longa mano de Dios en todos ellos: por un lado, los de ese día; por el otro, los de mi cotidianidad, siempre tan constantes. 

Muchos me han  preguntado qué dice lo que me tatué. Es Isaías 49:8-9, tan solo dos versículos de un largo capítulo de la Biblia que es importante para mí. De muchas formas, me hace pensar en Dios y en mi propósito frente a la Humanidad cercana. Sin embargo, más allá de lo que dice, me he puesto a pensar en realidad qué dice mi tatuaje, qué dice tener marcado en la piel las letras de otro, el nombre de otro, las vivencias del otro. Entonces, me choco con una hermosa realidad de los tatuajes que aún no tengo en mi piel, pero que sí están en la tinta en mi vida: los nombres propios de los que me circundan. 

De mi familia con sus fallas probables y el circense desenfreno por amarnos. De las luchas, gritos y molestias, pero también de las risas y los bailes compartidos. De mis amigos, los viejos, los nuevos, los que vendrán, cada uno en su tiempo y momento, con sus nombres y sus vicios, tan desiguales, tan distantes; sin embargo, tan simétricos en el deseo de buscarnos en la oscuridad. 

A ellos, pues, les debo mi historia. Que se escribió mucho antes de la decepción de mi mamá y las pocas malas críticas que he recibido por el tatuaje. Este escrito es solo un salto inútil por devolver las letras que han construido –y deconstruido- mi fe, mis sueños, mis anhelos, mi biografía. Acaso, tal vez, se devuelva con letra sobre este escrito, lo que mi espalda, en letras de tinta, pretende decir a gritos ancestrales.

5 ¡Ajá, dime qué ves!:

Elizabeth Libertad Alvarez dijo...

Lo importante es que ese pasaje que tienes tatuado en la espalda te pese como una tonelada de piedras cuando lo tengas que traer a la memoria... y por las críticas no te preocupes; seguramente a esos esquiroles de la fe los van a tatuar con la marca de la que tanto se ufanan que nunca van a cargar...

María Inés García dijo...

Y podrías escribir muchos versículos más en tu piel... Lo importante es que no te sientas reprimido... q es una sensación muy triste y además incómoda..

Kevin Reguillo dijo...

Leído.

Adriana dijo...

Solo diré: vengan más tatuajes o no, quiero seguir siendo una mano que te sostenga.

Anónimo dijo...

o dos manos...

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Porque al que se le conoce hoy como profeta se le llamaba vidente: