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miércoles, noviembre 11, 2020

DESTETADOS

Publicado por Yo soy Escribidor |

 


Ha sido un día movido por hablar de tetas: de que si las muestran en protestas, que si es válido, que qué pensarían nuestras madres, que las tetas esto o aquello, etcétera. 

En esas estaba cuando recordé un texto que Manduquita, hace años, publicó en mi blog. Decidí no hacerle ninguna corrección hoy ─ni de forma ni de fondo; ya verán errores─ y quisiera aclarar solo esto: que responde a una época en el que estábamos en algún lugar de nuestro mundo posible. Manduquita escribió cómo era un día de trabajo ─de ella─ cuando alguien se ponía unas tetas de silicona. 

Puedes leerlo aquí





martes, octubre 30, 2012

PARÁFRASIS: MANDUCA

Publicado por Yo soy Escribidor |

La Manduca y el Sandoval (2007)
"Tampoco era dueña, Manduca, de sus lágrimas. Una leve tristeza, el más lejano asomo de desdicha, un breve contacto con la otras ciudad, la de la peste, las desencadenaban sin que la valiera ningún esfuerzo para contenerlas. Igual la risa o la carcajada: se le soltaban con un ímpetu irreprimible, repentino. Y el rictus de la rabia, las arrugas de la impaciencia, el ceño de la preocupación, la iluminación de la alegría, toda su mente parecía reflejarse en su rostro como en un espejo. Era impulsiva para todo, para hablar, para alegrarse, para ponerse furiosa, para el entusiasmo, la ira o la depresión"

Fragmentos de Amor Furtivo,
Héctor Abad Faciolince

lunes, diciembre 21, 2009

Manduca's Birthday

Publicado por Yo soy Escribidor |

A Dildreth la conozco desde que era una niña. Por momentos, me cuesta creer que haya crecido y que tenga novio, y que se haya hecho una cirugía plástica. Recuerdo una época de la vida en la cual alguien nos dijo que ella era una rebelde y que la sacáramos del grupo que en la iglesia teníamos; y que yo abogué diciendo que por qué la íbamos a sacar, acaso la gente no puede ser como es. Desde aquel momento comencé a creer en ella.
Siempre le he dicho que tiene la fuerza de lo que hago, y tal vez por eso, ciertas cosas en nosotros chocan, porque creo que ella es más fuerte que yo, acaso porque, las mujeres como ella, lo deben ser para enfrentarse a las heridas de la vida ("Todavía te faltan muchas heridas", le había dicho Dios en aquel momento). Hemos tenido dificultades a lo largo de toda nuestra vida, y entiendo que esos momento difíciles han servido para amarnos más, en lugar de separarnos.

En estos días me llamó a mi casa diciéndome cosas. Hablamos de su trabajo y de su familia. Luego, colgué sin ninguna pretención. El teléfono volvió a sonar y escuchando la voz de Manduca, me preguntó que si la amaba como antes. La pregunta me hizo sonreír y me hizo responderle que sí; la amo, y que si hemos estado distante ha sido porque ahora tenemos menos tiempo, porque hace cuatro años, yo andaba metido en su casa, soñando, y que, de cierta manera, tiene otras cosas más que hacer.
Ella cumple un nuevo año. Le deseo lo mejor, y no sólo las frases llenas de cliché. Deseo verla como la soñé un día cuando nadie daba un peso por ella. Amaría verla predicando el evangelio como ella lo sabe hacer. Disfrutando sus maravillosas metáforas, que sólo pueden compararse con las de Jesús. De sus comidas en su casa. De los viajes en carnavales.

Escribo a continuación unos mensajes de texto que recibí en un momento difícil que tuvimos y luego de eso, un escrito que me hizo y yo atrevidamente posteo aquí.
03 de noviembre: ¿Será que se acabó todo?
04 de noviembre: Sigo afirmando que si algún día nos alejamos no va a ser por mí, a menos que tú me lo pidas. Te amaré así sea que me toque de lejos.
07 de noviembre: Recordé que mi corazón aún late cuando te ve...
13 de noviembre: Sal para poder abrazarte.

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Ella era mi líder, su mejor amiga me perseguía. Peleas constante, regaños iban y venían, pero mi fidelidad se convertía en la reina por los dos años próximos. Llego el trueque. ¡¡¡Sí!!! Fue un trueque: tú me das y yo te doy… Por la misión o visión fuimos entregadas después de una larga polémica. Una vez entregada ya más nunca sería ella; ahora sería él. Era tierra ajena pero vecina. Fue muy poco lo ofrecido por nosotras, y mucho menos por la niña que sólo pensaba en la bahía más linda de América, pero él aceptó el trato.
Comenzamos un lindo y productivo trabajo; éramos pastores sin darnos cuenta, nos multiplicamos maravillosamente, soñar era nuestra mayor pasión. Reuniones, salidas, diversión y palabra. Él era el mejor y no lo decía yo precisamente. Algún día le dije que estaba anclado en mi corazón y efectivamente así lo es.
Mi corazón fue otro, mi mente se renovó, mis metas cambiaron, decidió creer en mí a pesar de las apuestas, era su evangelista, me hizo creer en mí sin ver, todo fue más claro. Dios hizo de nuestra relación líder-discípula la mejor del mundo y esto incluye nuestras diferencias que también existían. Caminar más de cinco años a su lado me permitió conocerlo; no del todo pero sí lo suficiente para reafirmar que él es el mejor, el único, el maestro, el profeta nombrado por el Creador, él es mi líder, mi único líder con sueños abortados y frustraciones irremediables, estar a su lado siempre ha sido lo mejor. Aunque por momentos pienso que todo se acaba, él no deja de decir que soy su discípula y yo no dejo de decir que él es mi líder.
Que me parezco a él, es lo que dice la gente y no me disgusta; aunque a él no le dé la paz.



miércoles, noviembre 04, 2009

Confieso soy novia del amante de mi mejor amiga

Publicado por Yo soy Escribidor |

Mientras escribo esto, pienso en Manduca. Le escribí un correo diciéndole cosas que no le había dicho y que ya era tiempo que supiera. No había comenzado este mes de confesiones y en honor a la sinceridad de las relaciones, pongo de primeras la que recibí de ella.
Manduca se hizo la liposucción, cada día está más flaca. Es novia de Carlos a quien le decimos El Nene. Ella sólo afina las canciones que no son cristianas y -quien lo creyera- estuvo en el coro infantil de la iglesia cuando era niña. La foto fue una premonición del romance que surgió entre ellos. Como siempre dije: Lo veía venir, y ella lo cuenta todo.



¿Qué te exigen tus papás de mí? Buena pregunta para poca respuesta. Sólo puede decir nada que nunca me han dicho nada.
Por más de dos años fui su líder; estuve pendiente de su crecimiento como hijo de Dios, compartimos juntos muchas cosas de la iglesia y vivimos una que otra salida de integración. Luego decidió apartarse, hacerse a un lado y continuar con su vida, con la única diferencia que ahora era hijo de Dios. Su vida se limitaba a cuatro paredes, a atender su negocio, a vivir con su mamá y su hermano, a luchar por un amor imposible: su vecina, y si no estoy mal, tuvo una fugaz relación con ella.
Podríamos decir que también éramos amigos. Tengo que aclarar que él es un hombre de pocos amigos, pero me consideraba una de ellos. Por momentos lo escuchaba, en otros sólo callaba, pero construimos algo llamado amistad. Retomando esa palabra algo controversial, con alguien muy importante para mí, pude darme cuenta que él se había convertido en protagonista en la vida de ella. Entre las dos tuvimos algo nuevo de qué hablar; pero para fortuna o infortunio -aún no lo sé-, eso duró poco. En mi papel como amiga pude consolar, escuchar y aconsejar, sin saber que lo que estaba haciendo en realidad era ilusionándome en el silencio. De eso no quedó nada. Entre los dos o los tres todo se acabó. No hubo historia más para contar.
Noviembre llegó. Cumpleaños del Líder. Salida a comer. Mirada inolvidable. Recuerdo de la luna de Barranquilla. Mucha gente alrededor; pero esto no fue impedimento para que nuestros corazones creyeran que podrían estar cerca, latir por algo en común. Eso no fue todo. Pasó la noche, los días, las largas conversaciones por teléfono y por chat. Las lunas interminables de palabras bonitas, de coqueteo constante. Pero aún nadie decía nada. Ni él ni yo nos atrevíamos a mencionar palabra, aunque los de alrededor sí lo notaron; fueron ellos los que se dieron cuenta. Para mí era imposible pensar que me gustaba quien, hace unos meses atrás, llegaría a ser el novio de mi mejor amiga. Difícil asimilarlo, pero llego el día. Él se dio cuenta que nuestras miradas habían cambiado, que nuestro iris brillaba diferente, y aún con dudas en su mente y su corazón, fue capaz de decírmelo. Para mí no había razones ni esperanza. En mí todo se resumía en un “no, eso es imposible”; no obstante para los demás, era todo lo contrario.
Cada palabra que salía de su boca era colar para mi ilusión silenciosa; cada mirada, cada gesto, eran ladrillo para mi castillo.
Diciembre. Fiesta. Cumpleaños. Nuevo año. Alegría y tristeza. No hubo día en que no nos habláramos o viéramos. Dos y nueve; no pudimos evitarlo, un beso fue el final de nuestra relación muda y el comienzo de la que podría ser la única relación de noviazgo que ambos tendríamos.
Un beso robado -o dejado robar-, avisado o inesperado; no fue suficiente para dejar de pensar lo que se nos venía encima. ¿Dónde quedó mi papel de amiga? Me tocaba decidir y lo hice. Compartir lo que sucedió era mi única opción: mi amiga y mi líder. Sus reacciones no variaron mucho pero las consecuencias fueron totalmente diferentes. Él sólo pudo decirme: “Ya lo sabía. ¿Cuándo se lo vas a decir a ella?”
Y ella sólo me preguntó: “¿Y eso cuándo pasó?” , argumentado en su sorpresa: "Me alegro, ustedes hacen buena pareja, además, yo no le pude responder de esa manera”. Aunque sus respuestas no fueron suficientes para mi tranquilidad, persistí en mi romance clandestino hasta que se hizo público.
Él es supremamente sincero. Es más, si alguien, algún día, me preguntaría cómo lo describes en una sola palabra, esa sería la perfecta. Es, también, descomplicado, atento cuando se lo propone, ama a Dios y a su familia, tímido, y ralla en lo reservado, con miedos en mente y corazón, con el don de administrar a la máxima potencia. Aunque no lo demuestre, vive por su familia incluyendo a su mascota, amante de los juegos virtuales, fiel de lo que siente, independiente de lo que los demás piensan. Así es el hombre del que me enamoré, por el cual creí en una relación de noviazgo, con el que sueño de vivir como mujer, como Evangelista, como profesional y como hija de Dios. Con él quisiera compartirlo todo.

jueves, abril 16, 2009

TETAS

Publicado por Yo soy Escribidor |


DILDRETH MANDUCA

Es conocida como La Manduca. Es evangelista y, en sus ratos libres, instrumentadora quirúrgica. Trabaja con Carmen, Pachita, Gisella y Yaneth quien, en lugar de llamarla Dildreth, la llama Sulay. Es una de mis discípulas quien nos dice como se ponen unas tetas.



Tengo claro que sólo Dios puede hacerlas hermosas. Sólo sus manos pudieron crearlas tal cual. No obstante, hay mujeres que, por cosas de la naturaleza, no fueron favorecidas con mamas o senos –esos son sus nombres biológicos-; por tal razón, existen hombres comunes, iguales a ellas, quienes con sus manos, hacen que sus frustraciones queden reducidas a 300 cc de silicona o incluso más.
Por mi profesión me ha tocado lidiar con más de una mujer frustrada, triste y vacía por contar únicamente con un pezón y un tanto de glándula mamaria. Entran al quirófano con miedo, indefensas, con una ilusión, un sueño entre pecho y espalda; sólo su mente logra imaginar cómo las quieren, tamaño, forma, etc., pero nunca se imaginan el dolor y el peso que llegarán a sentir; aunque en ese momento, eso es lo de menos.
Una vez anestesiada, con muchas preguntas en su cabeza, inicia lo que para ellas es el fin de una vida de frustración; y para el equipo médico-quirúrgico, el comienzo de una cirugía: La mamoplastia de aumento. Una sencilla incisión en la areola indica que todo empezó. Ya no hay manera de arrepentirse. Unos cuantos vasos sanguíneos sangrando son la muestra de que hay vida. Llegamos al espacio después de luchar arduamente con una glándula dueña y señora de su territorio; lucha con ese dedo áspero e inclemente del cirujano; eso sí, antes de cualquier movimiento, ella ha decidido, por lo menos, donde quiere su nueva compañía, la que la va a acompañar el resto de la vida (bueno, si Dios le da permiso). Ya sea submuscular o subglandular, hay mucha tela por cortar.
Una profunda y amplia disección, da paso al gran bolsillo. Unas lágrimas más de sangre, algo de coagulación llegando al momento cumbre. Nos miramos unos con otros. Una lista de número nos muestra el anhelado tamaño. Algo dormida, y con suave voz, dice: “Que sean bonitas”, “que se vean naturales” o “las quiero grandes”. Únicamente queda mirar, por última vez, el alojamiento, su cara, la lista. Con un tanto de tensión, y como todo un juez, el cirujano da la postrera palabra: “Pasen el implante número…” Ahora, es él el protagonista. La mayor escena es el momento de su entrada, una vez más el cirujano hace gala de sus manos creadas por el Creado, el único que puede hacer las cosas perfectas.
2 ó 3 separadores, 4 manos, 10 dedos; son las herramientas necesarias para darle forma a la ilusión. Fuerzas opuestas luchando para que el implante pueda ocupar su nuevo espacio y mucho cuidado; pasos fundamentales, los ingredientes mágicos para un excelente procedimiento.
Una vez dentro, algo de acomodo. Revisión. Observación. Un vicryl 2/0 y un nylon 4/0 son los promotores de que todo quede bien suturado. Algunos retoques y todo terminó. Se limpian, se coloca vendaje y listo.
Ella aún sigue con miedo, se le informa que la cirugía terminó y sus ansias crece. Se traslada a recuperación donde viven su admiración o decepción por el resultado o para confirmar que lo que tenían en su imaginación se parece a su realidad. Unas lloran de alegría, otras simplemente callan porque aún no entienden o dicen: “Están grandes, pero me imagino que están inflamadas”. Viven un sueño hecho realidad.
Tengo que aclarar que por razones de la vida hay mujeres que se realizan esta cirugía porque la vida misma se encargó de quitárselas y hay hombres que lo hacen porque necesitan de ellas para sentirse como nosotras. Sólo doy gracias a Dios que aunque me canse o me aburra, hago parte de ese equipo de trabajo que Él utiliza para dar forma y sentido a mujeres que se siente incompletas y vacías.