Sé que a Laura no le gusta esta foto. Se puede ver en ella el lunar que se quitó. Ella sigue siendo Ingeniera en Agrocosta, pero ahora, tiene nuevas funciones en su cargo. Su confesión es acerca de su amor intangible y no sé si correspondido, ella no dice a quién es. Si alguien quiere hacerlo, pues, que se lo pregunten a ella directamente. Su mamá se llama Alicia , y pelié con ella por teléfono. Es hermana de Sigy, quien tiene una homónima en Japón. Esta es su confesión, un poco extraña cuando uno sabe a quien se dirige.
Empezó como un juego. Un experimento sin importancia. Una relación ocasional. Pasaba días sin saber de ti y todo estaba bien. Hoy te necesito. Tienes un lugar especial en mi vida. Ocupo parte de mi día en que estés bien y que no te falte nada. Me das alegrías y sorpresa que no te imaginas. No tienes que hacerlo y no puedes hacerlo. La verdad es que a este punto me basta con que existas. A veces cuando el ánimo decae y la inspiración se va, no quiero escribir o cantar, entonces recuerdo que existes y algo surge. De alguna retorcida forma, le das sentido a mi vida.
Sé que es tonto amarte porque tú no haces nada por enamorarme. No puedes hacer nada más que existir. Permaneces ahí. Siendo el objeto de mi afecto. Recibes gustosamente -o eso creo- mi cariño. Nadie puede saber cuál es la magnitud de lo que siento por ti. Si hay que nombrarlo de algún modo, yo lo llamaría amor. Estoy enamorada. Lo confieso. Alguien podría pensar que esto es enfermizo y tal vez lo sea pero no me culpo, después de todo, aunque intangible, eres lo único tangible que tengo.
Éste es el volumen II, en donde Laura me cuenta cómo ahora su ex es su amigo de nuevo y cómo se ha superado El Caos. Laura ahora bajas pelis en la Internet y va a la cinemateca. Era discípula de Alba Marulanda, quiere ir al piso 26 y su ex-novio es Jaime, mi mejor amigo. (Éste fue escrito ya pasado El caos)
En estos últimos meses he confirmado que las relaciones se fortalecen con los años. Van cambiando, madurando y, a medida que las circunstancias cambian, también cambian los lazos de amistad; se hacen más fuertes, evolucionan o desaparecen. Nuestra amistad ha sido afectada de muchas formas por las circunstancias: la afinidad se convirtió en cariño, el cariño en amor, el amor en intolerancia (no quiero decir odio), la intolerancia en perdón, el perdón nos hizo volver al cariño. Probablemente, sea como alguien dice: ...tenemos una historia. Conocemos de forma exclusiva áreas del otro y eso es, a pesar de lo que haya sucedido o pueda suceder, lo que hace que hoy día seamos parte de la vida del otro.
Cuando sucedió lo que llamé caos, quise desaparecerte de mi vida y, de paso, de la faz de la tierra. Te odié. Odié tenerte en mi historia. No soportaba ni siquiera oír tu nombre. Por un tiempo me funcionó pero de nuevo las circunstancias me hicieron ver que nada debía tener en tu contra y entendí eso que siempre había escuchado, e incluso alguna vez también dije, el perdón es una decisión. Exactamente eso hice; tomé la decisión de primero perdonar y luego, pedí perdón.
De los dos han dicho muchas cosas: cuando éramos amigos, que parecíamos novios; cuando éramos novios, a veces que no pegábamos juntos y a veces que éramos el amor de la vida del otro; de enemigos que ya ni amigos podíamos ser. Ahora, qué bacano que después de semejante caos, podamos hablar sin querer matarnos.
Creo que somos amigos, aunque confieso que existen reservas; por lo menos, yo las tengo. Dudo a veces, no de tus buenas intenciones, sino que podamos ser realmente amigos. Me preocupa tener aún el poder de herirte y usarlo. Me preocupa no estar ‘claros’. ¿Cómo es ser tu amiga? Es sorprendentemente grato. Disfruto serlo y creo, al pensar en las personas que tengo a mí alrededor, que hay cosas que sólo a ti te diría y cosas que sólo me permito contigo. A veces, no me atrevo a decirte amigo, pero algo me dice que eso es lo que eres: mi amigo. De alguna extraña e irónica manera volvimos a eso, a las caminatas luego de la U, a la banca a los pies del apóstol, a los viajes en Coochofal, a las llamadas telefónicas para hablar de nada. Regresamos en el tiempo con un buen camino recorrido pero, esta vez, sobre todo, con el corazón limpio.
Laura es ingeniera de sistemas y me ayuda con mi blog cuando no entiendo algo. Ella fue novia de Jaime Alvarez. Hace unos meses sucedió lo que denominamos -los tres-: El caos. Ésta es la versión de ella en su volumen I. (Escrito en pleno caos).
Cuando pienso en ti son escasos los buenos momentos que vienen a mi memoria. Tal vez sea culpa de esa amnesia selectiva de la que, siempre dijiste, padezco. La misma, de la que hacías alusión folclóricamente, casi gritando: “… por ende no existe”. La misma que reemplazó los buenos momentos con odiosos recuerdos. La misma que ha logrado que lo que no te di, lo que no hice por ti y lo negativo de mí, por momentos, sea olvidado.
Ayer, buscando otras cosas, vi un mail. De pronto recordé. Recordé que sí te amé. Recordé que mi vida, un día a ti juré, que tus palabras y tus sueños por mucho tiempo admiré. Que te animaba a salir a adelante. Que intenté enseñarte a ser un mejor hijo. Que quise cargar contigo algunos sueños, que sí quise alguna vez vivir contigo por el resto de mis días. Hoy creo que no me dejaste tal vez porque me subestimaste, tal vez porque me sobreestimaste, tal vez porque me limitaste, y algunas habitaciones de tu corazón no me dejaste entrar; quizás porque para ti amar era algo nuevo y no supiste como amarme o porque me amaste demasiado, ni siquiera sé el porqué. No, no lo sé, pero lo que planeamos, poco a poco se fue desmoronando y mis sentimientos fueron cambiando.
Hoy no somos ni siquiera amigos y hay quien dice que ya no podemos serlo. Lo cierto es que no me importa. Sé que te hice mucho daño y, de vuelta, también tú me heriste, pero no me importa, te veo y, a veces, me gustaría mucho que me importara, pero no es así. Es cierto, ya no te amo; es cierto, ya te olvidé; es cierto, yo no te extraño y sino fuera por tu amigo, no me acordaría ya de ti.