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lunes, febrero 27, 2012

TRIBUTO A LA ESPALDA

Publicado por Yo soy Escribidor |

Amo a mi espalda. La amo ahora que la columna se esconde y no muestran, las vértebras, su imperio mayor.
Amo la montaña muscular a mi lado izquierdo, que fue levantada terremóticamente en un quirófano.

Amo a mi espalda con su cremallera de 38 puntos. Amo lo que de ella no se ve: las dos barras de luque, con los ganchos simuladores de una cárcel de púas; amo esto al tiempo que me disgusta cómo el arsenal metálico se dibuja por debajo de la piel, a la vista de cualquier impávido que se atreve a preguntar qué me pasó. 
Amo a mi espalda con el esfuerzo extra al alzar pesa; y la amo, sobretodo, cuando responde a las penurias del gimnasio.

Una espalda escoliótica que deja brecha al lado derecho con sus mayores grados de desviación. Una espalda inexplorada por alguna otra, que espera la libertad de poder agacharse sin técnica para no fregarse más. Viciada hasta el cansancio; excusa para la tranquilidad y la exoneración de las actividades extras. 

La amo con sus vicios sensibles a mi tacto que nadie podría descifrar. Amo a mi espalda como está, pero quizás la amaría con una forma diferente ahora; tal vez liberta de las torres en cada lado vertebral, cicatrizada con sus rayas, pero imponente como siempre.

viernes, julio 29, 2011

JOE

Publicado por Yo soy Escribidor |


Poco antes de las once, la muchedumbre delirante que se asfixiaba al sol, contenida por una élite imperturbable de guerreros uniformados de dormanes guarnecidos y espumosos morriones, lanzó un poderoso rugido de júbilo. Dignos, solemnes en sus sacolevas y chisteras, el presidente de la república y sus ministros, las comisiones del parlamento, la corte suprema de justicia, el consejo de estado, los partidos tradicionales y el clero, y los representantes de la banca, el comercio y la industria, hicieron su aparición por la esquina de la telegrafía.
Los Funerales de Mamá Grande, García Márquez


Al hablar de muertes, es inherente a ésta, en esta ciudad, hablar de la más reciente: la del Joe Arroyo. Reconozco ser fanático de la música de él y creo que, sin duda, marcó en la historia musical de nuestro país. Asuntos que habrá algunos que dirán que no y, a esta altura, no importa; el man está muerto y su funeral y sepelio fue astronómico en la ciudad.
Es quizás aquello que me sorprende con gran asombro: el funeral.
Y es propio de las grandes muertes de grandes personas que susciten temas alrededor de él que sean mentiras, otras verdades y otras cuestionables.
Pero siempre salimos nosotros a determinar si el man que se murió merece o no el cielo, si es salvo, si no. Los cristianos nos debatimos en las dos aguas de la opinión para argumentar la posible muerte del cantante. Y decidimos a dedo su estancia en la eternidad, que no viene al caso, cuando se trata de resaltar su valor de tipo musical y su legado a otras generaciones.
Y si me pongo a pensar, quisiera que, de alguna manera, yo fuera reconocido en mi ciudad como el Joe. Que tanta gente pudiera aludir a mis recuerdos, cuando los míos se vayan. Que una multitud macondiana siga mi recorrido fúnebre hacia mi última morada en este mundo; del otro mundo, ya es cuestión divina.
Y siempre está quien juzga la música con la vida del músico. Y el valor de uno, no resta la importancia del otro.
De todas formas, pongo una cancioncita del Joe para que se la gocen.

miércoles, junio 15, 2011

ODIO AL DANCE HALL

Publicado por Yo soy Escribidor |


Mi sobrino fue a la cocina a buscar agua. Me sorprendió lo que cantaba a sus cuatro añitos: Contra la pared eee, contra la pared eee. Me cobijó el sentimiento de vejez y, además, la claridad que he dado un salto generacional. Aún así tengo que decir que tengo un odio fehaciente y visceral por el Dance Hall.
Todo comienza cuando la gente empieza a decir danzal debido a las incapacidades lingüística que supone otra lengua. Es un baile que, como su nombre indica, se da en un Hall y ahí, a falta de espacio, se recuesta el genital en una suerte de sexo con ropa. Odio ese baile tanto como las letras de las canciones de cantantes que no proponen nada: hablar de culeo, bareta, te la meto, me la chupas y cosas por estilo, sólo originan que los jóvenes, carentes de un desarrollo adecuado de su personalidad (y de sus etapas) crean que la vida es así. Que uno puede tener sexo con quien quiera y que cualquier mujer se la chupa a uno o le da el culo o cosas por el estilo.
Y termina la gente creyendo que los hombres somos una máquina de sexo y que somos más pene que cerebro. A larga se concluye que el pene es más cabeza que la cabeza.
Y termina creyendo la gente que las mujeres sólo sirven para el baile y para que uno se excite al son de las canciones carentes de peso argumental y crítico, cuando uno le recuesta el falo a la niña, pensando que ésta es más parecida a una estrella porno porque, a la larga, baila igual.
Reconozco no entender el respeto que alguno le profesan a la estupidez. Y al parecer muchos tantos, que no saben ni pronunciar Dance Hall, se olvidan que existe vida musical más allá de las letras irresponsables del danzal, y que, de alguna manera, quienes terminan criando a los pelaos son aquello que ven y oyen por ahí.
Si me preguntan, prefiero la salsa, el merengue, el rock, la balada, el vallenato y por el estilo, siempre y cuando no exista el hilo conductor de la vulgaridad. Y prefiero bailar -cuando lo hago: pocas veces- con alguien a quien sería incapaz de faltarle el respeto y que sé que nos une cosas que van más allá del contacto genital.
Por esto es mi odio: para que todos sepan que odio esta música, me produce urticaria, me da peso de conciencia, me da miedo traer hijos al mundo, es una gran mierda, si puedo decir.