“… Vi crecer lentamente mi segunda obsesión: la tentación de la muerte. Siempre me ha parecido muy fácil morir.”
Margarite Yourcenar
E. estaba asustado e hiperventilaba más de lo normal. Dentro de unos minutos cantaría con el esplendor con que lo hace. Sus oyentes callan para escucharlo cantar. E., con miedo, lograba el objetivo que promulgaba con sus poderes cuando entonaba melodías: podía hacer que las personas acallaran malos recuerdos y pudieran vivir tranquilos.
Al terminar, y siempre con temor, se sentó contemplando las respuestas a sus poderes: funcionaba en realidad, y la gente estaba más viva que nunca; y conscientemente tocó su corazón para sentir los latidos de su acelerada angustia, pero percibió, tristemente, que éste no latía más. Reconoció, con una lágrima que caía, que había dado mucho de su grandeza en aquel día, y que había muerto frente a todos, y nunca supo cuándo pasó.


